se termina el agua y es el caos. los vecinos
se desesperan y comienzan los reclamos,
no se pueden lavar los trastes, los baños
quedan sucios, no se pueden bañar
en este calor que arranca gotas de sudor
como excesos, no hay agua, nos quedamos
sin agua y las calles se vuelven más piedra
y hay que llenar cisternas, tinacos
y nadie se puede quitar el sudor ni la mugre
de los días, uno se tiene que dormir así
sin lavarse, y la mierda es más cercana
nos ignora desde el escusado, filtra su olor,
como un espía, en toda la casa y todo,
lentamente, en la colonia Luis Donaldo
Colosio, a una cuadra del mar Caribe,
se vuelve insoportable. no hay agua
en el edificio y uno se da cuenta
que la civilización enseña la costumbre
de tuberías funcionando solas, pero no
a ser paciente y saber esperar. una extraña
lógica del tiempo y del mito nos dice que todo
se ha de arreglar, mientras las hormigas
se dan un gran festín y las cucarachas disfrutan
de la tragedia entre los restos de comida,
y los mosquitos atacan como espinas invisibles:
chupan la sangre, a pesar de la mugre.
no hay agua, pero en la calle hay niños
acostumbrados a eso y juegan y sonríen y ellos
saben cómo divertirse y no darle importancia
al jodido arcoíris del tercer mundo.
ellos, aún, no han caído en el engaño.
no hay agua en el edificio, pero en las noticias
han anunciado que lloverá toda la noche
y me queda un six de cerveza en el refrigerador.
domingo, 21 de septiembre de 2008
martes, 9 de septiembre de 2008
días oscuros
día nublado como rabia
en los periódicos
dan la noticia de más
asesinatos
y más persecuciones
y la historia es
la misma
hace cien años nació
Pavese
quien al final
perdonó a todos y
pidió perdón de todos
hay días oscuros
como cigarros y soledades
afortunadas
como navajas o jeringas
dormidas
a la orilla de la bañera
canta un pájaro y
es hermoso
pero nada se cura
sigo con asco
en los periódicos
dan la noticia de más
asesinatos
y más persecuciones
y la historia es
la misma
hace cien años nació
Pavese
quien al final
perdonó a todos y
pidió perdón de todos
hay días oscuros
como cigarros y soledades
afortunadas
como navajas o jeringas
dormidas
a la orilla de la bañera
canta un pájaro y
es hermoso
pero nada se cura
sigo con asco
macho de mierda
eres un puto macho del orto
un puto macho de mierda
me grita ella y
ella no deja de ser
una chulada de carne
y hueso y ontológica
incluso se ve más cachonda
los ventiladores
encendidos
y chingos de cigarros
camino de aquí
para allá
un coche se estaciona
en la calle
con el estéreo
a todo volumen
“tengo cara de niño,
pero alma de hombre”
podría explotar el cielo
y caerse a pedazos
como en los sueños
que habitan los países
en guerra
y sin embargo la estupidez
humana no dejaría de ser
esa intensa flor
que quema el corazón
los nervios y la sangre
¡eres un puto macho
imbécil
no sirves para nada!
grita ella
por encima de esa
insoportable canción
callejera
por qué no te callas
puta
somos animales violentos
estúpidamente agresivos
y recuerdo las crisis de mis jefes
cuando desde el cuarto
en una oscuridad reconfortante
los escuchaba gritarse
y aventarse cosas
y trato de entender lo
imposible de
las relaciones humanas
que son como los choques
de los astros
cuando el fuego arrecia
y olvidamos el origen
y el destino se pierde
para siempre
entre la bruma de la
náusea
no hay televisor
ni cervezas
y estoy caliente
estoy muy hinchado
de semen
y eso es peligroso
macho de mierda
me grita
en estos momentos quisiera
tantas cosas
como jamás haberla conocido
o aniquilarme
y ella me odia
y yo la odio
nos odiamos a muerte
y la noche se vuelve
tan insoportablemente
luminosa
como esa pinche canción
“tengo cara de niño
pero alma de hombre”
hombre, hombre
somos una mierda
entonces ella se duerme
y me deja ahí
con ese odio acumulado
con ese semen acumulado
y salgo de la habitación
sospechando que
sólo una chaqueta podría
anestesiarme
pasan los minutos
el coche en la calle se larga
con esa rola tan despreciable
como yo
los ventiladores siguen
encendidos
odio la idea de ser adulto
o maduro
odio no poder razonar
con ella
y no puedo pensar en nada
no logro entender lo que siento
aunque cualquier psicoanálisis
trate de demostrar
lo contrario
entro al cuarto y
ella duerme
y quisiera abrazarla
quisiera ser bueno
asegurarle que todo
cambiará
pero ella duerme
y yo me recuesto a su lado
macho de mierda
cuánta razón
un puto macho de mierda
me grita ella y
ella no deja de ser
una chulada de carne
y hueso y ontológica
incluso se ve más cachonda
los ventiladores
encendidos
y chingos de cigarros
camino de aquí
para allá
un coche se estaciona
en la calle
con el estéreo
a todo volumen
“tengo cara de niño,
pero alma de hombre”
podría explotar el cielo
y caerse a pedazos
como en los sueños
que habitan los países
en guerra
y sin embargo la estupidez
humana no dejaría de ser
esa intensa flor
que quema el corazón
los nervios y la sangre
¡eres un puto macho
imbécil
no sirves para nada!
grita ella
por encima de esa
insoportable canción
callejera
por qué no te callas
puta
somos animales violentos
estúpidamente agresivos
y recuerdo las crisis de mis jefes
cuando desde el cuarto
en una oscuridad reconfortante
los escuchaba gritarse
y aventarse cosas
y trato de entender lo
imposible de
las relaciones humanas
que son como los choques
de los astros
cuando el fuego arrecia
y olvidamos el origen
y el destino se pierde
para siempre
entre la bruma de la
náusea
no hay televisor
ni cervezas
y estoy caliente
estoy muy hinchado
de semen
y eso es peligroso
macho de mierda
me grita
en estos momentos quisiera
tantas cosas
como jamás haberla conocido
o aniquilarme
y ella me odia
y yo la odio
nos odiamos a muerte
y la noche se vuelve
tan insoportablemente
luminosa
como esa pinche canción
“tengo cara de niño
pero alma de hombre”
hombre, hombre
somos una mierda
entonces ella se duerme
y me deja ahí
con ese odio acumulado
con ese semen acumulado
y salgo de la habitación
sospechando que
sólo una chaqueta podría
anestesiarme
pasan los minutos
el coche en la calle se larga
con esa rola tan despreciable
como yo
los ventiladores siguen
encendidos
odio la idea de ser adulto
o maduro
odio no poder razonar
con ella
y no puedo pensar en nada
no logro entender lo que siento
aunque cualquier psicoanálisis
trate de demostrar
lo contrario
entro al cuarto y
ella duerme
y quisiera abrazarla
quisiera ser bueno
asegurarle que todo
cambiará
pero ella duerme
y yo me recuesto a su lado
macho de mierda
cuánta razón
domingo, 20 de julio de 2008
El séptimo día de la semana
II
(Weekend en el Parque Lecoc)
En el Parque Lecoc llegan las familias a pasar un día de campo. El invierno
les pone abrigos como si el tiempo diera respuestas. Pasan parejas
de la mano o abrazadas y se ven felices, como si nada les hiciera daño,
y miran a través de las jaulas a los animales, los contemplan,
se entretienen, parece que nunca han peleado e incluso algunas
parecen haber sido siempre felices, como en las películas.
Anulan la separación; eso no es parte de sus vidas. Miran a los animales,
se dicen cosas entre sí o se ríen porque un venado trata de montarse
en una de las hembras del rebaño.
Algunos enamorados están sentados en el punto exacto del atardecer
e incluso el sol ha lavado sus rostros, sus cabellos, sus ideas
sobre el aburrimiento o el vacío; y beben mate.
Una mujer mira a una changa que en el interior de la jaula abraza a su crío dormido,
y siente ternura y le dice a su güey mira qué lindo y él la abraza y juntos miran
esa enorme jaula como iglú atascada de monos que se gruñen y pelean
por su territorio, junto a ese montón de rocas artificiales. Los enamorados
y los changos son parte del Parque Lecoc como los árboles y los jardines
y las jaulas y los coches y aquel sucio lago y los eucaliptos rayados y el atardecer
que se va y las sombras y ella y yo.
Cualquier cosa que piense sobre lo que sienten esos animales enjaulados
nunca sabré si acaso fue cierta,
pero miro a la gente que es la misma gente que de lunes a viernes
la jode su trabajo y piensa en cómo diablos habrá de sobrevivir hasta fin de mes
y en deudas y en coches deportivos y en cómo se le ha ido la vida
y en cómo carajo ha podido resistir.
Miro a los enamorados y a los niños sorprendidos por la leona
que sale de su jaula justo cuando llega su alimento
y toman fotografías porque eso es justo lo que hay que hacer
a esa hora de la tarde.
Se detienen y señalan como si fuese algo imposible, y los niños
parecen aún más felices de ver a la fiera caminar; una leona hambrienta
que atraviesa el atardecer de este domingo, hambrienta.
Y las familias se van contentas por los caminos junto a los enamorados,
y casi todos parecen haber olvidado que lentamente desaparecemos;
y las niñas y los niños corren, vuelven a perseguirse
como perros sueltos en el campo.
III
Camino por la calle y veo a un tipo parado frente
al ventanal de un restaurante, mira fijamente
hacia adentro, muy concentrado,
como si fuera manya de hueso colorado
y en el interior del restaurante,
en un televisor con pantalla gigante de plasma,
transmitieran el clásico del Uruguay.
El tipo es un tipo jodido, un teporocho
de las calles montevideanas
que no se ha bañado en días
y que seguramente no ha tenido una mujer
todavía en más días,
pero eso no impide que mire concentradísimo,
atento, por el ventanal,
como si fuera un gol de Peñarol.
Cuando cruzo por atrás suyo
no puedo evitar mirar
hacia el interior del restaurante
y tras el ventanal no hay juego de fútbol
ni televisión ni nada, sino mesas vacías
alrededor de una enorme mesa
donde una familia
abrigada del invierno -muchos niños-,
bebe refrescos y cena una enorme pizza,
bajo una luz parecida a la que sale
de los cuadros de Rembrandt.
También así son los domingos, pienso,
mientras me alejo con unas ganas tremendas
de un trago de tequila,
y sin un peso en la bolsa siento el frío
de las calles vacías de esta ciudad.
(Weekend en el Parque Lecoc)
En el Parque Lecoc llegan las familias a pasar un día de campo. El invierno
les pone abrigos como si el tiempo diera respuestas. Pasan parejas
de la mano o abrazadas y se ven felices, como si nada les hiciera daño,
y miran a través de las jaulas a los animales, los contemplan,
se entretienen, parece que nunca han peleado e incluso algunas
parecen haber sido siempre felices, como en las películas.
Anulan la separación; eso no es parte de sus vidas. Miran a los animales,
se dicen cosas entre sí o se ríen porque un venado trata de montarse
en una de las hembras del rebaño.
Algunos enamorados están sentados en el punto exacto del atardecer
e incluso el sol ha lavado sus rostros, sus cabellos, sus ideas
sobre el aburrimiento o el vacío; y beben mate.
Una mujer mira a una changa que en el interior de la jaula abraza a su crío dormido,
y siente ternura y le dice a su güey mira qué lindo y él la abraza y juntos miran
esa enorme jaula como iglú atascada de monos que se gruñen y pelean
por su territorio, junto a ese montón de rocas artificiales. Los enamorados
y los changos son parte del Parque Lecoc como los árboles y los jardines
y las jaulas y los coches y aquel sucio lago y los eucaliptos rayados y el atardecer
que se va y las sombras y ella y yo.
Cualquier cosa que piense sobre lo que sienten esos animales enjaulados
nunca sabré si acaso fue cierta,
pero miro a la gente que es la misma gente que de lunes a viernes
la jode su trabajo y piensa en cómo diablos habrá de sobrevivir hasta fin de mes
y en deudas y en coches deportivos y en cómo se le ha ido la vida
y en cómo carajo ha podido resistir.
Miro a los enamorados y a los niños sorprendidos por la leona
que sale de su jaula justo cuando llega su alimento
y toman fotografías porque eso es justo lo que hay que hacer
a esa hora de la tarde.
Se detienen y señalan como si fuese algo imposible, y los niños
parecen aún más felices de ver a la fiera caminar; una leona hambrienta
que atraviesa el atardecer de este domingo, hambrienta.
Y las familias se van contentas por los caminos junto a los enamorados,
y casi todos parecen haber olvidado que lentamente desaparecemos;
y las niñas y los niños corren, vuelven a perseguirse
como perros sueltos en el campo.
III
Camino por la calle y veo a un tipo parado frente
al ventanal de un restaurante, mira fijamente
hacia adentro, muy concentrado,
como si fuera manya de hueso colorado
y en el interior del restaurante,
en un televisor con pantalla gigante de plasma,
transmitieran el clásico del Uruguay.
El tipo es un tipo jodido, un teporocho
de las calles montevideanas
que no se ha bañado en días
y que seguramente no ha tenido una mujer
todavía en más días,
pero eso no impide que mire concentradísimo,
atento, por el ventanal,
como si fuera un gol de Peñarol.
Cuando cruzo por atrás suyo
no puedo evitar mirar
hacia el interior del restaurante
y tras el ventanal no hay juego de fútbol
ni televisión ni nada, sino mesas vacías
alrededor de una enorme mesa
donde una familia
abrigada del invierno -muchos niños-,
bebe refrescos y cena una enorme pizza,
bajo una luz parecida a la que sale
de los cuadros de Rembrandt.
También así son los domingos, pienso,
mientras me alejo con unas ganas tremendas
de un trago de tequila,
y sin un peso en la bolsa siento el frío
de las calles vacías de esta ciudad.
manten la calma
nunca pensé que alguna noche
con una mujer a mi lado,
una mujer caliente y drogada,
se me quitaran las ganas de coger
en este apartamento
no es fácil escuchar los ruidos
de la calle y el sol
nunca se ve por las ventanas
enciendo un cigarro
mientras ella se prepara otra
línea de coca sobre
un libro de Henry Miller
le doy un trago a mi vaso
y miro el reloj que cuelga
en la pared como un insecto:
son las diez de la mañana
es bueno de vez en cuando
perder el sueño
uno recuerda que nunca
estamos a salvo
no pienso en nada más
con una mujer a mi lado,
una mujer caliente y drogada,
se me quitaran las ganas de coger
en este apartamento
no es fácil escuchar los ruidos
de la calle y el sol
nunca se ve por las ventanas
enciendo un cigarro
mientras ella se prepara otra
línea de coca sobre
un libro de Henry Miller
le doy un trago a mi vaso
y miro el reloj que cuelga
en la pared como un insecto:
son las diez de la mañana
es bueno de vez en cuando
perder el sueño
uno recuerda que nunca
estamos a salvo
no pienso en nada más
miércoles, 25 de junio de 2008
delirio de un imbécil desempleado
nada es suficiente
coges y coges y coges
y coges y te duele la
verga
la pelvis
y no es suficiente
luego ella te dice te amo
quiero estar contigo
el resto de mi vida
envejecer y pudrirme
a tu lado y tú
abismo
a su lado, te ofrece su cuerpo
incluso para que lo mutiles
te lo comas o lo escupas
o ella te desprecia y
te manda al diablo
te llama pobre imbécil
te pide que no vuelvas
pero más tarde vuelve a llamarte
y te ofrece botellas de vino
de tequila, el mejor mezcal
se emborrachan
y te deja ir solo
y te vas solo y estás solo
escuchando a Bach en un
Ipod –de hombre primitivo a
hombre tecnológico-
escuchas a Bach en un Ipod
drogado, mientras avanzas
en el micro, en el metro,
en la carretera, a todo volumen
los cuartetos y el mundo cae lento
como los últimos chorros de baba
de la epilepsia
cae a tu lado y Bach en el fondo
a través de los audífonos
escurre y te pones unas rayas
interminables sobre el espejo
del vacío,
maravillosa coca,
y aspiras el mundo y te sientes feliz
te acompaña una mujer
con una faldita cortérrima
y unas tetas de antología
y caliente y mojada y adicta
al sexo, a la vida adicta
a esas filosas sensaciones
que enferman y te la mama
y se masturba mientras manejas
y luego te olvida y recures al libro
te pones otra vez hasta las chanclas
crudo sobre crudo crudísimo te largas
al cine o lees a Freud a Nietzsche
a Gombrowicz, ves porno o
lees a los Panero a don Eusebio –
te empedas con don Eusebio- y te largas
y lees los mejores poemas del Negro
los mejores poemas de Carver
los mejores poemas del Bukos
te pierdes en Dosto, te pierdes
en sus infernales novelas, las sufres
te pierdes en las bibliotecas y
lees y lees a Cioran, no te cansas y te cansas
es Hamsum o Miller, el Bhagavad-Gita
carajo, te empedas de leer a los
místicos, repasas a Arquíloco
a Hesíodo a Houellebecq a Schopenhauer
y lees y lees tantos cabrones
como Fulkner, Vallejo, Borges
y entras a un curso de francés o alemán
estudias filosofía o mercadotecnia
no hay diferencia y conoces los finales
de todos los juegos cibernéticos
conoces las claves de todos las cuentas
electrónicas conoces corazones destruidos
y ella entra y enciende la luz
se desviste y te invita a la cama
y tú sudas y no hay angustia o la angustia
es un avión que no logra estrellarse
vuela en esa ciudad
y no hay temblor o el temblor
es la pista de fórmula uno por donde corren
los pensamientos ardiendo y hay accidentes
mortales y piensas en Lowry y sabes muy bien
que él sí supo hacerlo,
luego ella te invita,
ven, te dice, ven
y tú te acuestas y sabes que la catarsis funciona
pero tendría que ser una catarsis eterna
escribir en la tormenta
escribir un puto poema
y publicas mil libros y ganas mil premios
y fracasas y te llenas las venas
de más heroína dulce heroína
cómo te salva pero no es
suficiente
digas lo que digas
y no lloras tampoco resistes
subes y bajas de la cumbre
te burlas y te ríes y en silencio
ella está en la cama
te acaricia como a un cachorro perdido
y hacen el amor toda la noche
te hace el amor
y ella se levanta desnuda
camina al interruptor
lo último que ves es su cuerpo
desnudo, su silueta perfecta
sus cabellos quebrados y sonríe
apaga la luz
te pide que duermas
pero te quedas pensando
en el cálido fondo de esa habitación
donde el silencio es supremo
y sientes o intuyes
sus senos sus piernas ese
tibio cuerpo de hembra
son lo mejor para danzar en el frío
y sabes que eres el más afortunado
un puto afortunado
y todo es perfecto y no sabes qué pasa
no sabes qué pasa
sólo que nada es suficiente
hagas lo que hagas
y quisieras pedir perdón
mandar todo al diablo
intentarlo
cogerte a otras viejas
más líneas de coca
bailar en la lluvia
o pegarte un tiro
pero sabes que eso tampoco
es suficiente,
carajo, y alguien escucha a Mozart
a estas horas lo sientes
nada es suficiente
nunca
pero sonríes
coges y coges y coges
y coges y te duele la
verga
la pelvis
y no es suficiente
luego ella te dice te amo
quiero estar contigo
el resto de mi vida
envejecer y pudrirme
a tu lado y tú
abismo
a su lado, te ofrece su cuerpo
incluso para que lo mutiles
te lo comas o lo escupas
o ella te desprecia y
te manda al diablo
te llama pobre imbécil
te pide que no vuelvas
pero más tarde vuelve a llamarte
y te ofrece botellas de vino
de tequila, el mejor mezcal
se emborrachan
y te deja ir solo
y te vas solo y estás solo
escuchando a Bach en un
Ipod –de hombre primitivo a
hombre tecnológico-
escuchas a Bach en un Ipod
drogado, mientras avanzas
en el micro, en el metro,
en la carretera, a todo volumen
los cuartetos y el mundo cae lento
como los últimos chorros de baba
de la epilepsia
cae a tu lado y Bach en el fondo
a través de los audífonos
escurre y te pones unas rayas
interminables sobre el espejo
del vacío,
maravillosa coca,
y aspiras el mundo y te sientes feliz
te acompaña una mujer
con una faldita cortérrima
y unas tetas de antología
y caliente y mojada y adicta
al sexo, a la vida adicta
a esas filosas sensaciones
que enferman y te la mama
y se masturba mientras manejas
y luego te olvida y recures al libro
te pones otra vez hasta las chanclas
crudo sobre crudo crudísimo te largas
al cine o lees a Freud a Nietzsche
a Gombrowicz, ves porno o
lees a los Panero a don Eusebio –
te empedas con don Eusebio- y te largas
y lees los mejores poemas del Negro
los mejores poemas de Carver
los mejores poemas del Bukos
te pierdes en Dosto, te pierdes
en sus infernales novelas, las sufres
te pierdes en las bibliotecas y
lees y lees a Cioran, no te cansas y te cansas
es Hamsum o Miller, el Bhagavad-Gita
carajo, te empedas de leer a los
místicos, repasas a Arquíloco
a Hesíodo a Houellebecq a Schopenhauer
y lees y lees tantos cabrones
como Fulkner, Vallejo, Borges
y entras a un curso de francés o alemán
estudias filosofía o mercadotecnia
no hay diferencia y conoces los finales
de todos los juegos cibernéticos
conoces las claves de todos las cuentas
electrónicas conoces corazones destruidos
y ella entra y enciende la luz
se desviste y te invita a la cama
y tú sudas y no hay angustia o la angustia
es un avión que no logra estrellarse
vuela en esa ciudad
y no hay temblor o el temblor
es la pista de fórmula uno por donde corren
los pensamientos ardiendo y hay accidentes
mortales y piensas en Lowry y sabes muy bien
que él sí supo hacerlo,
luego ella te invita,
ven, te dice, ven
y tú te acuestas y sabes que la catarsis funciona
pero tendría que ser una catarsis eterna
escribir en la tormenta
escribir un puto poema
y publicas mil libros y ganas mil premios
y fracasas y te llenas las venas
de más heroína dulce heroína
cómo te salva pero no es
suficiente
digas lo que digas
y no lloras tampoco resistes
subes y bajas de la cumbre
te burlas y te ríes y en silencio
ella está en la cama
te acaricia como a un cachorro perdido
y hacen el amor toda la noche
te hace el amor
y ella se levanta desnuda
camina al interruptor
lo último que ves es su cuerpo
desnudo, su silueta perfecta
sus cabellos quebrados y sonríe
apaga la luz
te pide que duermas
pero te quedas pensando
en el cálido fondo de esa habitación
donde el silencio es supremo
y sientes o intuyes
sus senos sus piernas ese
tibio cuerpo de hembra
son lo mejor para danzar en el frío
y sabes que eres el más afortunado
un puto afortunado
y todo es perfecto y no sabes qué pasa
no sabes qué pasa
sólo que nada es suficiente
hagas lo que hagas
y quisieras pedir perdón
mandar todo al diablo
intentarlo
cogerte a otras viejas
más líneas de coca
bailar en la lluvia
o pegarte un tiro
pero sabes que eso tampoco
es suficiente,
carajo, y alguien escucha a Mozart
a estas horas lo sientes
nada es suficiente
nunca
pero sonríes
lunes, 16 de junio de 2008
mi negra caliente para el frío
me calientan las películas porno,
me dice Eva, y se ríe. una risa
nerviosa, excesiva,
de niña gandalla. me calienta
la situación –dice-, me calienta
ver a los hombres cómo cogen.
carajo.
escucharla, imaginarla, saber
que se humedece y que
de pronto sola
en la costumbre de su habitación
se masturba mirando esos videos,
me la pone dura.
Eva tiene los ojos negros,
brillosos, y la costumbre
de dormirse desnuda. Eva
entra al mar,
su cuerpo está en la casa.
Eva es una negra caliente.
no le gustan los partidos de fútbol,
no le gustan los hombres que
cogen con calcetines. detesta
a los hombres que usan mocasín,
a los hombres formales, bien
vestidos, a los que usan perfume.
no soporta a los tipos que hablan
de política, a los que hablan
de literatura,
a los que hablan de dios.
Eva anda desnuda por la casa.
no soporta a los tontos y tiene
la habilidad de reconocerlos
de inmediato. no le gustan
los hombres que usan
portafolio ni a los que tienen
la costumbre de resucitar.
en sus labios hay un desesperado
tráfico de besos, son fuego negro.
ella es negra y caliente, es
la negra caliente de mi sueño en una isla,
alejados del mundanal ruïdo y
leyendo poemas de amor ella
siempre está dispuesta a coger.
le calientan las películas porno; le calienta
ver a las mujeres calientes, alrededor
de una verga dura, se incendia
y también le gustan los chocolates y
las flores en invierno, el chorro
de agua al caer de las buhardillas
en esas calles viejas de techos altos.
le gusta el color verde y el rojo
que visten las hormigas de la selva,
el amarillo secreto del sol,
pero prefiere el morado, prefiere
el desierto y vive desde hace mucho
en la playa.
Eva tiene los ojos negros
y un intenso brillo en la mirada,
parecido al de las yeguas
húmedas que corren por la pradera
salvajes y en celo.
estoy en su. mañana fría,
mucho viento. algunos pájaros
cantan como tiene que ser
el jueves, un día
lleno de odio.
he conocido
el odio, le digo a Eva y acaricio
su soledad, su rabia oculta
entre esos cabellos de negra y ella
me ofrece sus piernas de negra,
sus calientes
movimientos de negra
me acaricia,
me ofrece sus senos, se toca
el clítoris como si el vino.
hacemos el amor.
chorreo mi muerte y me resisto
a las lágrimas. Eva es
una negra luminosa y caliente.
nos bañamos juntos.
me ofrece una cerveza
y un libro (cómo nos encontramos,
maravillosa suerte, carajo).
la cerveza también es negra
y el libro es la efímera danza
erótica del siglo equis a
nuestros días. Eva escribe,
y eso nada importa, nada cambia.
Ella es mi negra caliente y
compartimos un cigarrillo.
carajo.
nos hemos jugado el odio
y la lujuria; ya nada queda.
vamos a la calle –me dice, Eva-,
vamos a vivir el invierno.
me dice Eva, y se ríe. una risa
nerviosa, excesiva,
de niña gandalla. me calienta
la situación –dice-, me calienta
ver a los hombres cómo cogen.
carajo.
escucharla, imaginarla, saber
que se humedece y que
de pronto sola
en la costumbre de su habitación
se masturba mirando esos videos,
me la pone dura.
Eva tiene los ojos negros,
brillosos, y la costumbre
de dormirse desnuda. Eva
entra al mar,
su cuerpo está en la casa.
Eva es una negra caliente.
no le gustan los partidos de fútbol,
no le gustan los hombres que
cogen con calcetines. detesta
a los hombres que usan mocasín,
a los hombres formales, bien
vestidos, a los que usan perfume.
no soporta a los tipos que hablan
de política, a los que hablan
de literatura,
a los que hablan de dios.
Eva anda desnuda por la casa.
no soporta a los tontos y tiene
la habilidad de reconocerlos
de inmediato. no le gustan
los hombres que usan
portafolio ni a los que tienen
la costumbre de resucitar.
en sus labios hay un desesperado
tráfico de besos, son fuego negro.
ella es negra y caliente, es
la negra caliente de mi sueño en una isla,
alejados del mundanal ruïdo y
leyendo poemas de amor ella
siempre está dispuesta a coger.
le calientan las películas porno; le calienta
ver a las mujeres calientes, alrededor
de una verga dura, se incendia
y también le gustan los chocolates y
las flores en invierno, el chorro
de agua al caer de las buhardillas
en esas calles viejas de techos altos.
le gusta el color verde y el rojo
que visten las hormigas de la selva,
el amarillo secreto del sol,
pero prefiere el morado, prefiere
el desierto y vive desde hace mucho
en la playa.
Eva tiene los ojos negros
y un intenso brillo en la mirada,
parecido al de las yeguas
húmedas que corren por la pradera
salvajes y en celo.
estoy en su. mañana fría,
mucho viento. algunos pájaros
cantan como tiene que ser
el jueves, un día
lleno de odio.
he conocido
el odio, le digo a Eva y acaricio
su soledad, su rabia oculta
entre esos cabellos de negra y ella
me ofrece sus piernas de negra,
sus calientes
movimientos de negra
me acaricia,
me ofrece sus senos, se toca
el clítoris como si el vino.
hacemos el amor.
chorreo mi muerte y me resisto
a las lágrimas. Eva es
una negra luminosa y caliente.
nos bañamos juntos.
me ofrece una cerveza
y un libro (cómo nos encontramos,
maravillosa suerte, carajo).
la cerveza también es negra
y el libro es la efímera danza
erótica del siglo equis a
nuestros días. Eva escribe,
y eso nada importa, nada cambia.
Ella es mi negra caliente y
compartimos un cigarrillo.
carajo.
nos hemos jugado el odio
y la lujuria; ya nada queda.
vamos a la calle –me dice, Eva-,
vamos a vivir el invierno.
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