observo el fragmentado sentido de la noche,
oscuridad de invierno entre los pasos.
el frío está pegado a las ventanas del tren.
el silencio en los rostros del paisaje.
no vamos a ningún lado, aunque lo intentemos.
tu camino y el mío se parecen.
cualquier camino es falso, cualquier destino frágil.
después del final y antes del principio
de la vida, de nuestra vida y sus precipicios,
sus hoteles de paso, sus paraguas,
sus relojes pulsera, sus agendas, sus cines,
nuestra vida de fuego y agricultura,
de coches deportivos y lujos y pobreza
nuestra vida con hambre y desalojos,
después del final y antes del principio, decía,
éramos y seremos el silencio
de la oscuridad que podemos ver cada noche.
jueves, 14 de enero de 2016
miércoles, 13 de enero de 2016
nada a salvo del tedio
perder el rumbo
así de pronto,
a contragolpe
de una luz todavía
llena de oscuridad,
de una luz
desgajada por el sueño
que ya no
compartimos.
de una luz dibujada
por las aves,
liberada por
alguien que fuiste aluna vez.
sin saber por qué
ni cómo ni cuándo.
sin saber el
destino de ese dónde
donde no
fracasamos nunca,
a contragolpe,
las palabras del
mundo se detienen
en las breves
palabras
donde el destino
ha escrito sus mentiras.
podemos verlas,
¿a qué le tienes
miedo?
ningún camino está
a salvo del tedio,
ningún corazón puede
mantenerse
completamente a
salvo del frío y las tormentas.
nadie es inmortal ni
tiene la fuerza
de mantenerse a
salvo del vacío.
a contragolpe
los escombros del
sueño se despiertan,
dicen mi nombre
y me dan estas líneas sin sentido,
como una flor sembrada por tus manos.
las luces en la noche
conocen la distancia entre las voces.
ningún paisaje tiene la verdad
la única, la auténtica,
perder el rumbo
es celebrar la historia del delirio.
martes, 12 de enero de 2016
en el silencio oscuro del instante
algunos días no
tengo ganas de escucharte.
quiero dejarte
lejos,
deshacerme de ti,
de tus ideas
sobre la levedad y
la tristeza del mundo.
hay días que no
tengo ganas de estar contigo,
trato de no arriesgarme
por tus sueños,
evito los
recuerdos, no importa de qué tipo.
evito los espejos.
la música que más te gusta.
sin ganas de mí
mismo ni de nadie,
la tarde de las
cuatro que se muere de frío
en el silencio
oscuro del instante,
donde la ciudad crece
hasta volverse
noche y autopista,
tiene los mismos ojos que los tuyos.
sin ganas de ti, pero sin poderte evitar.
qué quieres que te diga.
algunas veces, simplemente estoy
cansado de mí mismo.
es tan normal,
como querer quemar todas las naves.
mejor entrar a un
bar, pedir un whisky sin hielos
y esperar que la
nada
se lleve entre sus
alas la belleza
de esos momentos tan ridículos de mi vida.
mis flores del mal, mis flores del frío,
mis flores para nadie.
esperar y beber. ignorándome. soportándome.
riéndome de mí.
lunes, 11 de enero de 2016
recorrimos París
fuimos héroes llenos y vacíos
de historias malgastadas.
no te culpo por
haberte largado,
por haberme pedido
que ya no te buscara.
por haberme expulsado
de tu grupo de amigos.
siempre supiste
hacer las cosas bien.
esta mañana, cuando abrí el periódico
y leí la noticia
pensé inmediatamente en esas noches
llenas de besos
tocadas por tus manos y la voz de Bowie,
su música galáctica,
el polvo azul en todas partes,
acariciando nuestro vacío con el viento
de una complicidad hecha de luna.
las huellas en la nieve
duraron mucho tiempo.
pero lo más chingón de esos momentos
atravesados por la oscuridad compartida:
tu cuerpo así, desnudo como un sol
que ilumina la música y las playas.
demasiada belleza
para un mortal que no tiene nada interesante.
descubriste el secreto,
sabías muy bien
dónde guardaban el tesoro,
las llaves del instante perdurable,
los dioses que perdieron la batalla.
así te desnudabas,
mientras Bowie cantaba en el cuarto
y tú cantabas,
te sabías las letras de todas sus canciones.
sin temor a perderte
siempre al borde de ti misma y de nosotros mismos
siempre sonriente, siempre loca, siempre rebelde
y fraternal.
recorrimos París cuando soñamos,
un libro lo recuerda.
y dime tú,
¿de quién te acuerdas cuando escuchas a David Bowie?
me preguntaste mientras en tu boca
escurría la sangre de una fresa.
anochecía.
y el caracol del tiempo entre tus manos
detenido con besos y lujuria,
y tu cuerpo desnudo entre las olas.
los dioses que perdieron la batalla.
así te desnudabas,
mientras Bowie cantaba en el cuarto
y tú cantabas,
te sabías las letras de todas sus canciones.
sin temor a perderte
siempre al borde de ti misma y de nosotros mismos
siempre sonriente, siempre loca, siempre rebelde
y fraternal.
recorrimos París cuando soñamos,
un libro lo recuerda.
y dime tú,
¿de quién te acuerdas cuando escuchas a David Bowie?
me preguntaste mientras en tu boca
escurría la sangre de una fresa.
anochecía.
y el caracol del tiempo entre tus manos
detenido con besos y lujuria,
y tu cuerpo desnudo entre las olas.
corría por tus venas la suerte de ganar,
cualquier partida,
aunque no te importara las condecoraciones.
el mundo a tu favor.
cualquier partida,
aunque no te importara las condecoraciones.
el mundo a tu favor.
y lo hiciste muy
bien.
domingo, 10 de enero de 2016
invierno en lo callado
sentado en el
café, recordé el sueño,
su rostro en la
penumbra
de la desconocida
habitación
cuando estamos
dormidos.
hay sucesos que
ocurren y jamás
podremos
aclararlos,
pero él estaba
ahí, claro y tranquilo,
sonriente entre
los otros.
entonces recordaba
que había muerto,
lo miré
sorprendido,
me daba gusto
verlo con nosotros,
entre tabaco,
música,
cervezas,
cotorreando como siempre.
“qué onda”, le preguntaba,
“cómo fue que de
pronto te moriste,
cómo que así nomás”.
él reía y movía la
cabeza.
“sí, muy loco, muy
loco”,
decía y empinaba su
cerveza.
y agregó: "pero a ti
todavía te falta mucho, mucho".
me despertó la alarma del teléfono,
me quedé un rato en cama,
con una sensación
de imperturbable
invierno en lo
callado.
pensé en lo que
tenía que hacer
en lo que no había
hecho.
en los minutos
quietos todavía
de los días
futuros.
me estiré y sentí
el peso de la rutina
inyectarse en mi
cuerpo.
me bañé y salí. un sol resplandeciente
iluminaba el blanco
paisaje del domingo bajo cero.
sábado, 9 de enero de 2016
texto inconcluso
trato de
concentrarme en el libro de gramática
alemana, los
verbos, los artículos,
esas declinaciones
misteriosas
que evocan un
latín lleno de nieve.
pero no lo consigo
y no te culpo por eso.
ni tú ni nadie tiene la culpa de mi vida.
el mar está cubierto de destinos
y de ausencias desnudas y sin nombres.
la salvaje gramática del tedio
de las horas perdidas en los libros.
algún día hablaré perfectamente
con mi propia voz, mi único destino.
ni tú ni nadie tiene la culpa de mi vida.
el mar está cubierto de destinos
y de ausencias desnudas y sin nombres.
la salvaje gramática del tedio
de las horas perdidas en los libros.
algún día hablaré perfectamente
con mi propia voz, mi único destino.
y la verdad, si
acaso hay verdades en el mundo,
es que tu ausencia no brilla esta noche.
viernes, 8 de enero de 2016
mar profundo
no te olvides de
mí cuando ya no quieras nada.
cuando te hayas
cansado de la vida.
de no encontrar
respuestas.
muy temprano el
camión de la basura se lleva
algo que alguna
vez necesitamos.
cualquier
estupidez.
se lleva todo aquello que dejamos.
la ciudad despertó
callada bajo la nieve.
un silencio tan
blanco como el fuego
de las viejas
distancias.
en el vacío puedes
verte tan mar profundo,
tan adentro del
hueso, de las dudas
a cada paso
heridas
no hay juramentos
sólidos ni eternos.
más bien
fragmentos
vidrios regados en
la alfombra de tus sueños.
recuerda que
existimos juntos alguna vez
a las tres treinta
y tantas madrugadas
a la orilla del
mar.
tú te acercaste
tan despacio, como la nieve
que lentamente
cubre estos días.
mañana trataré de
no escribir
nada relacionado
contigo o sin ti.
las preguntas son
rotas alas de mariposa,
ríos contaminados
por el miedo.
no aceptar los
motivos.
no te olvides de
mí cuando ya no quieras nada.
si estás cansada,
piensa en esas noches
con el pedal a
fondo.
y ríete de aquello
que vivimos
y que nadie podrá
quitarnos nunca.
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